FALSOS CRISTOS por SAMAEL AUN WEOR.

Todas las escuelas, órdenes y logias espiritualistas son jardines deliciosos entre los cuales resplandecen nidos de peligrosas víboras y flores venenosas llenas de aroma. En esas escuelas hay encantos inefables que nos llevan al abismo, sublimes teorías que nos pueden conducir al precipicio, dulces sonrisas que nos llevan a la desgracia, El opio de las teorías es más peligroso que, la muerte.
Esas gentes están llenos de hipocresía y fanatismo.
Los hermanos espiritualistas con una mano abrazan y con la otra clavan en la espalda el agudo puñal de la traición.
Los hermanos espiritualistas siempre encubren sus peores maldades con sonrisas y palabras dulcísimas. No tenemos el ánimo de criticar a ninguna persona en particular porque esto no es debido. Hablamos en forma general para bien de la Gran Obra del Padre.
Hemos conocido cosas horribles. Conocimos el caso de un tal Laferriére que se hace pasar por Jesucristo; fundó una orden de magia negra y ahora resulta dizque uniendo a todas las escuelas, órdenes, sectas, credos y logias dentro de la Fraternidad Universal, cuyo centro resulta ser, naturalmente, él mismo. Conocimos otro sujeto que tomó el nombre de K.H. para declararse Avatara y reunir a todas las escuelas bajo su cetro. Esta clase de sujetos oportunistas fundan logias negras al amparo de la bella expresión “Fraternidad Universal”.
Nosotros no podemos callar esto porque la complacencia con el delito es también delito. Casi todos los hermanos espiritualistas están totalmente petrificados por el intelecto; casi todos ellos se quedaron congelados entre las teorías del espiritualismo del siglo pasado y rechazan, llenos de orgullo, miedo y soberbia, la doctrina secreta de nuestro Señor el Cristo.
Así, pues, aconsejamos a nuestros discípulos que tengan mucho cuidado; es mejor retirarnos de esa clase de caballeros, son peligrosos y perjudiciales. Aquellos que traicionan al Cristo van al abismo.
En estos tiempos hay muchos falsos Cristos, y los que se afilien a ellos cometen el delito de alta traición. Jesús, el Cristo, es el jefe de todas las almas; este Gran Maestro vive en el Tíbet oriental.
No olvidéis que entre el incienso de la oración se esconde el delito, que mezclado con el perfume de la plegaria se esconde el delito.
Los falsos Cristos tienen apariencias sublimes.
Decir esto es bueno, o esto es malo, resulta cosa fácil; conocer lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno es muy difícil.
Las logias negras están llenas de sinceros equivocados. El abismo está lleno de gentes de muy buenas intenciones.
Cuando entramos en la verdadera senda de la iniciación todos los hermanos espiritualistas se vuelven contra nosotros. Al Cristo lo crucificaron los espiritualistas de su época.
Muchos entran en la senda y luego ya no quieren trabajar para llenar las necesidades de todo ciudadano de bien; se olvidan esos pobres seres de sus deberes para con la familia, para con el mundo y para con ellos mismos. Entonces les oímos decir frases como: “El dinero es vano”, “este es el mundo de maya (ilusión)”, “no me interesan las cosas del mundo”, etc.; así fracasan estos pobres discípulos porque no saben cumplir con sus deberes; así, precisamente, se alejan de la iniciación estos devotos del sendero por no saber cumplir con sus deberes de simple ciudadano.
Ahora comprenderán nuestros discípulos por qué decimos que entre el incienso de la oración también se esconde el delito.
El que entra en la senda debe ser, ante todo, un marido ejemplar y un padre ejemplar, un hijo ejemplar, un ciudadano modelo, un nieto magnífico y un abuelo patriarcal, etc. El que no sabe cumplir con sus deberes de simple ciudadano no puede hollar el camino de los grandes misterios. Muchos discípulos se olvidan de los buenos modales del caballero sincero y honorable y se convierten en verdaderos irresponsables y hasta en peligrosos sujetos.
Hombres que nunca habían robado se volvieron ladrones de libros y de dinero al entrar en la senda. En las escuelas espiritualistas los hermanitos espiritualistas se roban los libros o los piden prestados y luego no los devuelven, etc.; otros estafan a sus condiscípulos: piden dinero prestado y lo hurtan, etc.
(PREPARACIÓN INICIÁTICA. LOS MISTERIOS MAYORES. SAMAEL AUN WEOR)
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