Curación a distancia

 

Constantemente me vienen cartas de distintos lugares del mundo, solicitando tales curaciones. Nosotros nos limitamos a la medicina espiritual; indicamos la hora precisa en que pueden concentrarnos, es decir pensar en nosotros, invocarnos. Es claro que nosotros asistimos espiritualmente a los enfermos y algunas veces hasta nos hacemos visibles delante de ellos. Por lo común, los instruimos en el sentido de que enciendan tres fuegos a determinada hora conveniente; les aconsejamos poner un vaso de agua ante estos tres fuegos o lumbres; les insistimos que, después de una media hora de concentración en nosotros, beban el agua.

 

Es evidente que en esa agua depositamos ciertas substancias que, al ser llevadas al interior del organismo, suelen realizar curaciones maravillosas. En el trabajo de curación cooperan varios maestros tales como Paracelso, Hilarion, San Rafael y algunos otros. No siempre les indicamos concentración específica en Samael. «Yo tengo mucho trabajo»; también les señalamos a cualquiera de los otros maestros con el mismo propósito. Lo importante es que los enfermos tengan fe porque ésta hace milagros; ya como lo dijo el Cristo: «Tened fe como un grano de mostaza y moveréis montañas». La fe es un poder solar maravilloso con el cual se pueden realizar muchos prodigios. Nuestro sistema de curación espiritual no riñe con los doctores; cada cual puede tener fe en nuestros métodos y consultar en el mundo a su médico.
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